lunes, 17 de enero de 2011

PATAGONIA. LA SENDA INFINITA

Eran alrededor de las cinco y media de la mañana cuando desperté y comencé a prepararlo todo. Puse agua a calentar en mi destartalado cazo, tomé una infusión, comí algo y partí hacia el Cerro Eléctrico. Al poco tiempo de dejar el refugio había que girar unos 90° hacia el sur para, por una senda de fuerte pendiente ir a alcanzar el glaciar situado a los pies de las inmensas paredes del Fitz Roy. Esta senda, endiabladamente empinada, da acceso al inicio de las diferentes vías de escalada existentes en el Fitz. Pensé en lo penoso que debía resultar portear todo el material desde el refugio hasta la base de la pared antes de emprender la escalada.



 A medida que iba ascendiendo, un paisaje único por su belleza se extendía a mis pies, no podía creer que estuviera allí. Tres o cuatro horas más tarde la pendiente se suavizaba y alcanzaba un pequeño valle, desde allí, ya con bastante nieve, se observaba el glaciar y el Cerro Eléctrico, así como la inmensa e imponente cara norte del Fitz. A partir de estos momentos la ascensión resultó bastante más complicada. Decidí no atravesar el glaciar, dado el estado de la nieve, y rodearlo ganando altura hasta ascender de una manera más directa, aunque con mayor pendiente, hacia la cumbre. La abundante nieve recién caída los días anteriores hacía muy penosa la escalada dificultando mucho el avance. A pesar de que la pendiente era considerable, decidí utilizar los palos en lugar del piolet, utilizándolo solamente en un par de sitios algo más expuestos. El día era magnífico, así que me lo tomé con calma.




 Poco a poco iba progresando, lentamente, la cumbre estaba allí mismo pero, a medida que iba ganando altura, la pendiente era mayor y había más nieve acumulada. Ya en la parte final decidí aprovechar una canal de roca que permitía progresar con menor dificultad. La nieve me llegaba hasta la cintura, pero tenía que seguir escalando. Por suerte, iba muy bien de tiempo. Al fin, tras superar una segunda canal, la ladera se suavizó de repente, estaba en la cumbre.





Intentar transmitir con palabras lo que sientes en esos momentos es sencillamente imposible. No podía creer lo que estaba haciendo. Estaba en la Patagonia , en uno de los parajes más bellos de la Tierra y había conseguido mi objetivo. El blanco de la nieve y el hielo se funden con el azul del cielo y te muestran un paisaje de ensueño. En este momento todo cobra sentido: la incertidumbre, la duda, el esfuerzo, el miedo, el frío, pues a tus pies se extiende un paisaje que permanecerá ya en ti para siempre... Estar allí, te enseña a creer en los sueños y que éstos, por imposible que parezcan, pueden llegar a hacerse realidad: todo depende de ti.




Es en estos momentos cuando sabes que estas vivo, que eres capaz de hacer lo imposible, que la vida es única e irrepetible y que lo que buscas es eso precisamente, la vida... vivirla, sin más, con sus buenos y malos momentos. Aunque hay momentos que bien merecen una vida entera. Como dice Miriam García en su libro Bájame una estrella : “ Decir que he sido feliz no sería exacto, ha habido buenos ratos y otros muy duros, y la persona que caminaba era siempre la misma. Simplemente, he tenido la satisfacción de elegir mis pasos, de vivir como quiero vivir, vivir... que me interesa mucho más que ser feliz ”.


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Fotos: Fitz Roy, Cerro Electrico y paisajes desde la cima (Javier Lambán).

PATAGONIA. LA SENDA INFINITA
Luís Javier Lambán Jiménez.
Editorial Egido. Zaragoza, 2003.



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