jueves, 4 de noviembre de 2010

EL CARACOL

Es el típico caracol de páramo yesero, encontrado tras una tromba de agua junto a una minúscula charca repleta de sapos cantores.



Una persona entendida en caracoles y minas de sal me hizo saber que "éste caracol a pesar de adusto y solitario es más gustoso que el otro de huerta, mucho mayor, más hidratado y quizá feliz". El hombre, ataviado con mono azul y boina capada de aspecto añejo, apareció en el sendero una mañana de octubre, justo cuando yo estaba tendido en el suelo haciendo las fotos. Tras quince minutos de conversación y un poema satírico sobre la borrasca polar, el suelo frío y prostatitis continuó su camino en busca de setas de cardo.





Al caracolillo blanco pocas veces se le ve activo de día. Al parecer cuando llueve aprovecha para hacer sus cosas: mascar tierra, babear y, al igual que los sapos de la charca, reproducirse con cierta prisa. Sea o no acertado tal proceder o si el proceder es o no comportamiento y éste último resultante evolutivo u otro, de lo que no cabe duda es que su presencia puede ser grata al montaraz que busca relajarse.




Caminar arriba y abajo, penetrar en el barranco, adentrarte en el bosque, sentarte a respirar ese aire tan rico y económico, además de conversar con tipos singulares o mascar semillas de hinojo mientras te rascas allá.., cosas de apariencia inútil, formas de olvidar algo, de ganar tiempo, de disfrutar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario