
miércoles, 24 de noviembre de 2010
LAS TORRES
No sé que tienen las torres que me atraen, quizá que se divisan de lejos al acercarte a los pueblos. Una torre es materia pesada tornada en leve, apunta desde fuera hacia el mismo lugar que en nuestro interior se localiza una grata soledad. ¿Será esto cierto?


domingo, 7 de noviembre de 2010
LA PUERTA
Me habían contado que en cierto lugar existía una extraña puerta colgada de la pared de una montaña, según los rumores "la puerta era inaccesible y su pasado desconocido, probablemente se puso para esconder una peligrosa cueva o la entrada a un laberinto".
Hay que saber por dónde se camina y agudizar la vista para descubrirla. Por fortuna conseguí sonsacar información precisa al tío Clemente luego de un vino y una banderilla de huevos de codorniz con su langostino.
Hay que saber por dónde se camina y agudizar la vista para descubrirla. Por fortuna conseguí sonsacar información precisa al tío Clemente luego de un vino y una banderilla de huevos de codorniz con su langostino.
Tras andar veinte minutos siguiendo las indicaciones del informador di con ella. Efectivamente era una puerta en la pared de una montaña. Mi primera impresión fue de admiración mezclada con morbosa curiosidad, qué escondería aquella puerta, por qué la habrían puesto, ¿quizá por evitar el peligro a los curiosos?
Por desgracia estaba al otro lado de un profundo barranco, de modo que solo podía verla de lejos. Me acerqué tanto como pude y ayudado del zoom de la cámara alcancé a ver que se trataba de una simple puerta de hierro, no muy antigua, y parecía abierta. Una mirada más centrada me ayudó a ver otra cosa interesante, encima de la puerta, a la izquierda, había un buitre.
Campo a través deshice parte del camino para aproximarme un poco más. Al volver a enfocar resultó que se había posado otro buitre, estaba con las alas desplegadas, seguramente para calentarse.
Como la cosa se ponía interesante anduve bordeando el barranco en busca de una bajada para luego aproximarme por el fondo hacía el lugar. Tras un buen rato caminando entre matorrales conseguí descender y orientarme. Conforme me iba aproximando observé la llegada de más buitres, descendían planeando y se posaban aquí y allá en los riscos más altos.
Poco a poco iban llegando más buitres, lo que me hizo recordar la película "Los pájaros", de Alfred Hitchcock. Nunca he tenido miedo de estos animales majestuosos, de crío solía aproximarme a ellos a hurtadillas y encorrerlos cuando acababan de darse un festín, todo porque mi abuelo me contó que una vez cogió uno de esa forma ("hay que esperar que tengan la panza bien llena"). No obstante, me resultaba extraño que hubiera tantos buitres en este sitio y comenzaba a sentirme intranquilo, sobre todo porque me había alejado mucho y el lugar era un poco recóndito.
Me detuve a descansar y puede observar que, en segundo plano, mi mente andaba recordando historias de buitres que atacan a personas. Imágenes de enormes picos, alguna con un pequeño trozo de carne colgando. Otra imagen con decenas de buitres comiendo un cadáver humano (se veía claramente un pie), un buitre torna la cabeza y me mira picoabierto (a éste también le cuelga una tripa del pico).
Esta mente es muy servicial y dedicada por entero a su trabajo, en éste momento meter miedo, cosa que por el tema de la supervivencia es de agradecer. Como convivo con ella hace muchos años ya la voy conociendo y no siempre hago caso. Ahora, cuando acierta no hay quien la soporte.
Creo que estos tres me miraban con gesto de fastidio, molestos quizá por adentrarme en su territorio, lo cual añadía cierta tensión y valor a la aventura.
Sorpresa, pasaron de mí y dedicaron su interés al acicalamiento. Incluso uno me dio la espalda, lo cual no me pareció sensato en un buitre.
Al final se hartaron y se fueron a volar.
Cuando vea a Clemente se lo he de relatar como a él le gusta (es cazador, aunque ya no puede por los años). Le contaré que la puerta es más misteriosa de lo que pensábamos, pues está protegida por unos buitres tremendos que no dudaron en mostrarse violentos cuando intenté aproximarme, razón por la que salí de allí a toda prisa. - Seguiremos sin saber qué hay dentro.
Me dirá que soy un payaso. -¡Mucho ir por el monte y te espantan unos pájaros!- Ya lo estoy oyendo. En fin, pasaremos un buen rato y a lo mejor se paga las banderillas.
¿Y la puerta? Pues nada, que con tanta emoción y revoloteo se me hicieron las dos de la tarde, así que alteré la caminata dominguera en dirección a las viandas. Allí se quedó, tan misteriosa y suspendida como la encontré.
Me dirá que soy un payaso. -¡Mucho ir por el monte y te espantan unos pájaros!- Ya lo estoy oyendo. En fin, pasaremos un buen rato y a lo mejor se paga las banderillas.
¿Y la puerta? Pues nada, que con tanta emoción y revoloteo se me hicieron las dos de la tarde, así que alteré la caminata dominguera en dirección a las viandas. Allí se quedó, tan misteriosa y suspendida como la encontré.
jueves, 4 de noviembre de 2010
NADA
Otro día, después de comprobar que el Moncayo estaba en forma, me fuy al fondo del barranco a dejar de cavilar. Me suelo sentar en una piedra de las de no hacer nada, una que tengo bien equilibrada y a la que coloco un poco de esparto encima para culminar. Me siento, no hago nada y dejo que me dé el sol.
Qué bueno sabe el sol en invierno, sobre todo si no tienes nada que hacer. Pones la mente al mínimo, cierras los ojos y te dejas tostar mientras el cierzo acaricia las orejas.
He leído en el libro del Dalai Lama "La mente en serenidad", que hay lugares especiales para cultivar el samadhi: las altas montañas, riberas de los ríos y sitios agradables y tranquilos en general. Este sitio es agradable, al menos para los que amamos del tufo de la ontina, y muy tranquilo, pero no se puede cultivar el samadhí, principalmente porque vengo a no hacer nada, y además porque tiene sus moscas, cuando estás en lo mejor del tueste se posa una a sorber los jugos de la piel y si tenías un samadhi a medio caer ya puedes empezar de nuevo.
Transcurrido un buen rato le hago caso al cuerpo y acabo mi sesión de solana. Termino de no hacer nada y me voy a disfrutar, ahora haciendo lo contrario de no hacer nada. Tiro cara arriba, me pierdo por un sendero, me pongo nervioso, me calmo y al fin entro en zona conocida, salgo de un estrecho barranco y me encuentro con este ser:
Viene al trote hacia mí al tiempo que me mira con un ojo y la oreja contraria.
Parece que me ha visto, cambia de oreja y dirección. Ante mi sorpresa no acelera para escapar tal como suelen hacer los conejos conmigo.
Se detiene junto al matorral, da media vuelta y se sienta a hacer lo mismo que hago yo, a mirar. Estamos a unos veinte metros, observándonos, sin cruzar palabra, yo quieto como estatua.
El ser hace diversas piruetas que no logro captar con la cámara ni comprender como es debido... Y por fin se sienta así (como en la foto).
Una suave brisa me atraviesa el cuerpo etérico por la parte del cerebro. Mi dedo deja de apretar el disparador mientras traducen las neuronas: ¿quién es éste conejo?, no, ¿qué hace éste conejo? Se diría que está en lo mismo que yo, quizá venía de no hacer nada y ahora está jugando, disfrutando conmigo.
Le digo a mi mente que no especule y se ciña a los hechos.
Contrariada, responde que qué hechos.
Yo le digo que es un conejo que nos mira y punto.
Aquí hay algo más -dice ella.
El qué -contesto un poco alterado (a veces lo consigue con facilidad).
Es un conejo especial, a lo mejor un político o un torero reencarnado.
Y caigo en la cuenta de que mi mente también quiere divertirse, como yo, como el conejo, seguramente como otras personas que vienen de no hacer nada.
Le digo a mi mente que no especule y se ciña a los hechos.
Contrariada, responde que qué hechos.
Yo le digo que es un conejo que nos mira y punto.
Aquí hay algo más -dice ella.
El qué -contesto un poco alterado (a veces lo consigue con facilidad).
Es un conejo especial, a lo mejor un político o un torero reencarnado.
Y caigo en la cuenta de que mi mente también quiere divertirse, como yo, como el conejo, seguramente como otras personas que vienen de no hacer nada.
Otro ser nos observa a su vez.
EL CARACOL
Es el típico caracol de páramo yesero, encontrado tras una tromba de agua junto a una minúscula charca repleta de sapos cantores.
Una persona entendida en caracoles y minas de sal me hizo saber que "éste caracol a pesar de adusto y solitario es más gustoso que el otro de huerta, mucho mayor, más hidratado y quizá feliz". El hombre, ataviado con mono azul y boina capada de aspecto añejo, apareció en el sendero una mañana de octubre, justo cuando yo estaba tendido en el suelo haciendo las fotos. Tras quince minutos de conversación y un poema satírico sobre la borrasca polar, el suelo frío y prostatitis continuó su camino en busca de setas de cardo.
Al caracolillo blanco pocas veces se le ve activo de día. Al parecer cuando llueve aprovecha para hacer sus cosas: mascar tierra, babear y, al igual que los sapos de la charca, reproducirse con cierta prisa. Sea o no acertado tal proceder o si el proceder es o no comportamiento y éste último resultante evolutivo u otro, de lo que no cabe duda es que su presencia puede ser grata al montaraz que busca relajarse.
Caminar arriba y abajo, penetrar en el barranco, adentrarte en el bosque, sentarte a respirar ese aire tan rico y económico, además de conversar con tipos singulares o mascar semillas de hinojo mientras te rascas allá.., cosas de apariencia inútil, formas de olvidar algo, de ganar tiempo, de disfrutar.
Una persona entendida en caracoles y minas de sal me hizo saber que "éste caracol a pesar de adusto y solitario es más gustoso que el otro de huerta, mucho mayor, más hidratado y quizá feliz". El hombre, ataviado con mono azul y boina capada de aspecto añejo, apareció en el sendero una mañana de octubre, justo cuando yo estaba tendido en el suelo haciendo las fotos. Tras quince minutos de conversación y un poema satírico sobre la borrasca polar, el suelo frío y prostatitis continuó su camino en busca de setas de cardo.
Al caracolillo blanco pocas veces se le ve activo de día. Al parecer cuando llueve aprovecha para hacer sus cosas: mascar tierra, babear y, al igual que los sapos de la charca, reproducirse con cierta prisa. Sea o no acertado tal proceder o si el proceder es o no comportamiento y éste último resultante evolutivo u otro, de lo que no cabe duda es que su presencia puede ser grata al montaraz que busca relajarse.
Caminar arriba y abajo, penetrar en el barranco, adentrarte en el bosque, sentarte a respirar ese aire tan rico y económico, además de conversar con tipos singulares o mascar semillas de hinojo mientras te rascas allá.., cosas de apariencia inútil, formas de olvidar algo, de ganar tiempo, de disfrutar.
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